Santa María Micaela

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Su vida

Santa María MicaelaMicaela Desmaisières nació en Madrid el 1º de enero de 1809. Desde niña, su personalidad adoptó los rasgos propios de su familia. De su madre recibió una educación piadosa y de su padre heredó un carácter altivo y noble. Al fallecer éste, Micaela debió ocuparse del hogar. Esto le permitió desarrollar una personalidad enérgica y una destacada capacidad de gobierno y organización.

Durante su juventud llevó una vida similar a la de cualquier persona de su época. Se sintió llamada al matrimonio en más de una ocasión, pero desconocía los caminos que Dios tenía preparados para ella. No obstante ocupaba parte de su tiempo en obras de caridad y llegó albergar en su casa a doce niñas pobres. También curaba enfermos y les repartía ropa y alimento.

En 1834, durante una epidemia de cólera, asistió a enfermos en hospitales. Entre estas obras se destacaron, por la importancia que tendría para su futura vocación, las visitas al Hospital San Juan de Dios. Allí conoció la suerte de muchas jóvenes que, por miseria o ignorancia, habían caído en la prostitución.

Decide entonces socorrerlas y para ello planeó crear Casas donde poder instruirlas mientras buscaba reintegrarlas a sus familias. Con ese objetivo funda, en 1845, el Colegio de María Santísima de las Desamparadas, en la ciudad de Madrid. Pero al no contar con el tiempo necesario para hacerse cargo de su dirección, designa para ello a un grupo de mujeres. Sin embargo, a la falta de compromiso de sus directoras se suman profundos inconvenientes económicos.

En el año 1847, luego de realizar unos ejercicios espirituales, se produce en ella un cambio existencial ya que comienza a sentirse guiada por el Señor. Adopta entonces una inclinación por la oración y cobra la fuerza necesaria para vencer cualquier adversidad.

En el Colegio nada se resolvía hasta que ella llegaba, creando desorden. Entonces decide dar el gran paso al sentir en su interior un pedido muy especial del Señor: “a ti quiero yo en mi obra”. Así, el 12 de octubre de 1850, realiza un gran sacrificio y deja su casa y todas sus comodidades para vivir en el colegio y unirse personalmente a la recuperación de las jóvenes.

Durante tres penosos años los problemas arreciaron y sólo Dios protegía a Micaela. A pesar de recibir amenazas y de ser víctima de diversos intentos por destruirla física y mentalmente, continuó avanzando. Finalmente, en 1854 la obra comenzó a consolidarse: consigue una ayuda económica de la Beneficencia, a la vez que recibe la cooperación de maestras que luego permanecerán junto a ella. Muchas de las jóvenes empiezan a recuperarse.

A pesar del crecimiento de la obra la duda era si lograría permanecer en el tiempo y trascender. Comprende entonces Micaela la necesidad de darle estabilidad y para ello funda, en 1856, una Comunidad a la que llamó “Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad”. Micaela se convierte en Madre Sacramento y ese mismo año redactó unas constituciones que serían aprobadas por el Cardenal Arzobispo de Toledo el 25 de abril de 1858. La Santa Sede los aprueba el 23 de septiembre de 1861 por cinco años y a perpetuidad el 24 de septiembre de 1866.

La obra comienza a expandirse por toda España. Al Colegio de Madrid le siguen otros: Zaragoza (1856), Valencia (1858), Barcelona (1861), Burgos (1863), Pinto, filial de Madrid (1864) y Santander (1865). Pero no sólo las colegialas reciben los beneficios de la caridad de Madre Sacramento, también visitaba hospitales y cárceles. Su caridad alcanzó los últimos repliegues del corazón humano. Perdonó siempre, procurando el bien de quienes más la ofendían.

Con su obra, María Micaela ejerció un notable influjo en la sociedad del siglo XIX. Pero su radio de acción trascendió los límites del Instituto: actuó también en el campo eclesial y social. Pero siempre a impulsos de la llamada divina. Allí por donde pasaba la Madre Sacramento buscaba el modo de extender el Reino de Dios.

En el año 1865, ante una epidemia de cólera que afectaba a gran parte de España, Madre Sacramento siente la necesidad de acudir personalmente para socorrer a su Colegio de Valencia, donde habían contraído el mal algunas Hermanas y colegialas. A los pocos días de su arribo se presenta en ella la enfermedad con síntomas alarmantes. “A las doce ya no me dolerá nada”, profetizó. Estando en su lecho, encomendó a la Santísima Virgen sus fundaciones: “Madre mía, para honrar vuestros siete Dolores, os dejo fundadas siete casas; amparadlas, Madre mía, acogedlas bajo vuestra protección”. A las doce menos cinco minutos del 24 de agosto entregó su alma al Señor. Falleció tal como había vivido, esclava de la caridad.

Los años pasaron, la fama de santidad de la Madre Sacramento fue aumentando día a día y en 1889 se inició el proceso de su beatificación y canonización. Finalmente, el 7 de julio de 1925 fue beatificada por Pío XI y el 4 de marzo de l934 se inscribió su nombre en el catálogo de los santos. La Madre Sacramento es hoy testigo de la santidad de la Iglesia y su mensaje de amor es válido tanto para hoy como para ayer.