Manuel Ocampo

FUNDACIÓN DE LA CASA DE OCAMPO
Provincia de Buenos Aires – Año 1917

Providencialmente se consiguió esta Fundación. La Srta. Josefina Ocampo Beláustegui vió a las las Madres Pura y Georgia yendo a visitar al Rdo. Padre Anselmo Aguilar S.J.; le chocó el traje y porte, dirigiéndoles alguna palabrita. Se le quedaron tan impresas, que indagó dónde estábamos y cuál era nuestra misión. Precisamente  pudo darle estos datos el Sr. Juan B. Majó que tiene un gran comercio de objetos para el Culto, y nos conocía, igualmente que a las Hermanas de Belgrano. Con pretexto de que la revisasen un alba se llegó allá, como más próxima, la Srta. Josefina, encontrándose a las Hermanas que tanto deseaba; estuvo muy contenta y expresiva, quedando en volver otro día despacio. Era el mes de Junio de 1914.
No demoró la visita, y entonces se expansionó diciendo, querían su mamá y ella una fundación en el pueblo de su apellido “Ocampo”, que aun había poco edificado y primeramente se necesitaba Iglesia para cristianizarlo y que cumplieran sus deberes religiosos, las gentes de los alrededores, juntamente con un colegio o Asilo, y nuestra misión les encantaba; que al efecto, convendría hablar extensamente con su mamá, para ver en qué condiciones se podría realizar, si en ello no encontrábamos inconvenientes. Como la mamá estaba delicada y de luto reciente de una hija, pidió por favor tuviéramos en su casa la reunión. Fueron las Rvdas. Madres María Pura y María de la Expectación, sin conocer aun a tan digna Señora Melchora Beláustegui de Ocampo, recibiéndolas hasta con veneración. Encontramos también a sus dos hermanas Srtas. Matilde y Sofía Beláustegui, igualmente finas y buenas.
Expuso la Sra. Melchora sus deseos, ofreciendo para que se pudieran realizar, edificar un modesto Colegio, amueblarlo y ropa para veinte asiladas, mas dar  las Hermanas para sus sostenimiento, una suscripción de cuatrocientos mensuales; pagado el Sr. Capellán por cuenta de la niña Josefina y cincuenta pesos para cera del Santísimo.
Nos pareció muy aceptable, y a no mediar el tener que comunicarlo a la Rvda. Madre General, desde luego hubiéramos resuelto; sin embargo, les dimos muy buenas esperanzas, y llenas de júbilo, se arrodillaron diciendo: “demos gracias a Dios, Hermanas, que colma nuestros anhelos”. Oramos un rato y al pensar en despedirnos, anuncian la visita del Sr. Obispo de La Plata Mons. Juan Nepomuceno Terrero, quizá casual o preparada; muy contentas le explicaron lo que se había trazado, y él no menos por la perspectiva de tener una comunidad tan meritísima en su Diócesis; que rogásemos en su nombre a la Superiora General, aceptase la proposición de las Señoras, pues no se arrepentiría de cómo tratarían a sus Hijas.
Para mayor seguridad, propuso la Sra. Melchora viésemos el despoblado donde nos íbamos a ubicar, a fin de que luego no nos llamásemos a engaño, y el día fijado, fue el 1º de Agosto del mismo 1914. Fueron las mismas Madres Pura y Expectación, esperándolas en la Estación de Manuel Ocampo la Srta. Josefina, para acompañarlas en su auto a la magnífica Estancia en la que ellas veranean. Allí la Sra. Melchora, cerca de la linda capillita que tienen hasta con el Señor Reservado, esperaba gozosa la llegada de las Madres. Había dado orden pasase el coche por junto a la Iglesia, para que la primera visita, fuese a Jesús Sacramentado y con su bendición, tratásemos con mayor acierto, lo que a la fundación se refería.
Apenas si tuvimos tiempo de recrearnos en aquel delicioso paraje y gozar de la compañía de tan virtuosas señora; después de haber recorrido lo principal, y hecho cargo del punto en que había de instalarse el Colegio, no habían pasado veinticuatro horas, cuando tuvieron un disgusto de consideración. Incesantemente les comunicaban sus hijos telefónicamente desde Buenos Aires, los telegramas alarmantes que se recibían de París, dando cuenta de cómo había estallado la guerra con Alemania, motivo por el cual la perspectiva respecto a intereses, no podía ser peor y tocaría a la familia, sin duda ninguna, un desfalco considerable, lo que desgraciadamente acaeció, por tener su capital en el Banco Francés. En pocos días  tuvieron la pérdida de catorce millones.
Esta contrariedad, fue causa de que se retrasasen los deseos de las señoras; con la disminución de rentas, no les era posible hacer tan pronto como hubieran querido y tan capaz el edificio según si proponían. Así en otra entrevista nos advirtieron, irían despacio, sería más pequeño y la construcción sencilla: ellas mismas modificaron los planos. Además hicieron presente, con harta pena que a pesar de haber ofrecido cuatrocientos pesos mensuales, no podrían dar más que doscientos, mientras no se desenvolviesen de la cuantiosas pérdida que en sus interese habían sufrido; eso fijamente, aunque siempre nos ayudarían cuanto les fuera posible. Tratándose de tan buenísimas señoras, y que con lo que ofrecían, ayuda de labor y regalitos de las gentes del campo, muy bien podría sostenerse la Casa, se les dijo que igualmente aceptábamos la Fundación, y que Dios nos ayudaría, toda vez que se emprendía por su gloria. Muy agradecidas quedaron a nuestro desinterés, y más obligadas a prestar su apoyo.
Así las cosas, continuaba poco a poco la edificación y nos llamaron a su Estancia para que viéramos la edificación en Manuel Ocampo, dando nuestro parecer; procuraron nos tocara un domingo, y que se celebrara Misa en el local que en efecto habían dispuesto. Lo hicieron saber por los alrededores, y que asistieran, sobre todo los hombres cuantos pudieran: se reunieron más de doscientos. Nos presentó la Sra. Melchora a la concurrencia, como futuras misioneras del Pueblo y se vieron contentos por tan buena nueva. Repartiéronse medallas que recibieron con agradecimiento y devoción.
En Febrero de 1916, estuvo la Rvda. Madre Serafina de San Miguel como Visitadora General, por lo que convenía viese el punto y la casa para la Fundación en el pueblo de Manuel Ocampo. La acompañó Madre Expectación. Complacidísima  quedó de las atenciones que las buenas y finas Sras. Melchora e hija Josefina, le prodigaron y del entusiasmo que demostraban por el Instituto, en el que tanta gloria se da a Dios y se salvan almas; por eso ellas, aunque en pequeño, querían cooperar en terminar el Asilo y prestar su apoyo siempre. Sorprendióle sobremanera encontrar en la Argentina almas tan fervorosas y amantes de Jesús Sacramentado, al que procuran dar culto con el mayor esplendor posible en su Iglesia de la Estancia.
Tal entusiasmo tenían las señoras por hacer el bien en el Pueblo, que a fuerza de economías, lograron terminar el edificio, para que las hermanas pudieran instalarse; sin embargo, como habían de venir de España, las que en la nueva casa habían de formar la comunidad, se demoró algo; entretanto, coincidiendo las fiestas de San Antonio, proporcionaron una Misión al Pueblo, encargándola a los Padres Redentoristas, que lograron mucho fruto. Para que también tomásemos parte, quisieron las señoras fuesen dos o tres Madres los últimos días, hospedándose como siempre en su Estancia, y muy obsequiadas estuvieron las Madres Expectación y Georgia, complacidas sobremanera del aprovechamiento de aquellas gentes sencillas.
Pasaba el tiempo, que con su entusiasmo se les hacía a las señoras extremadamente largo, y suplicaron se activase el abrir la casa, aunque fuera con Hermanas tomadas interinamente de las demás Casas. Con permiso de la Rvda. Madre General, así se hizo, y el día 20 de septiembre de 1917, por ser cumpleaños de la Srta. Josefina, fue Madre Expectación con Hermanas Justina y Nemesia, la Hija de Casa Carmen y dos Colegialas a preparar lo necesario para la inauguración, por más que en todo pensaron las cumplidas señoras y nada faltaba en cada oficina, según nota que de antemano tomaron.
Se pensó hacer solemne fiesta para inaugurar el día de San Miguel; asistiendo la Rvda. Madre Pura Delegada General, con varias Hermanas, Hijas de Casa y Colegialas cantoras; pero la pertinaz huelga de Ferroviarios, impidió viajar y comunicarse, por espacio de un mes y medio, así que no pudo moverse de Villa Eucarística (Córdoba) la Rvda. Madre Pura que tenía proyectado quedarse en Manuel Ocampo mientras llegaban Hermanas de España y que Madre Expectación se volviera a Martínez. Por fin, el 3 de Noviembre de 1917, pudieron reunirse y se hizo pequeña y sencilla fiesta, para que la Casa quedase en marcha desde aquel día, ya que se habían recibido algunas Colegialas. Estuvo Madre Pura parte del mes de Noviembre, dejando en su lugar a Hermana Arcángeles, volviendo a Buenos Aires para esperar las Hermanas, que en el Vapor Reina Victoria, llegaban de España. En efecto, desembarcaron el día 24 del mismo mes. El 6 de Diciembre, vinieron tres de las destinadas a la Fundación: Hermanas María Ignacia, Lucrecia y Ramona: el 17 la Rvda. Madre Pura con hermanas Celestina y Eutimia quedó establecida la Comunidad en la forma siguiente: Hermana Celestina, Superiora; H. Justina, Vice; Hnas. María Ignacia, Lucrecia, Ramona, Eutimia y Nemesia (las dos últimas, coadjutoras) Una Hija de Casa y cinco chicas, el Colegio.
Desde el mismo momento, se instaló la Escuela externa, que pronto resultó pequeño el local y fue necesario para atender a todas, dar Clase mañana y tarde.
Las señoras incansables en ayudar al crecimiento del Asilo, iban haciendo alguna obrita y surtiendo de cuanto se necesita para el aumento del personal. Asimismo han pagado los pasajes para tener doce Hermanas; y lo que produce un rebañito de ovejas, que nombran de San Antonio, lo ponen en el Banco a beneficio del Asilo. Este marcha en perfecta observancia, trabajando mucho con el pequeño internado que va aumentando, y también con el pueblo que está muy contento con las Hermanas a las que veneran y ayudan lo poco que pueden.
En Septiembre de 1919 hizo la Visita Delegada por la Rvda. Madre Superiora General María Guadalupe de Jesús, la Rvda. Madre María de Sales, quedando muy complacida de la observancia y bien que se hace en el Pueblo con las funciones religiosas de que carecían; escuela de niñas y enseñanza del Catecismo. Volvió a Buenos Aires el 19 del mismo mes.
A mediados de Noviembre dispuso la Rvda. Madre Delegada General fuera a la Casa de Buenos Aires, Madre Celestina para quedar de Superiora interina en dicha Casa, por haber de de marchar a España Madre Georgia, dejando al cuidado de la de Manuel Ocampo a Madre Justina, hasta que llegó H. Evelia, que estuvo cuatro meses. Definitivamente fue nombrada Superiora, Madre Petra de Cristo, 15 de Septiembre de 1920.
Dispuso Ntra. Rvda. Madre fuese esta Casa de Probación para las Hijas de Casa, inaugurándose con dos que vinieron del Colegio de Buenos Aires, en Septiembre de 1921.
Después de la Visita de la Rvda. Madre Sales, por indicación de la misma, se hicieron algunas mejoras en la Casa, con lo que quedó más amplia, costeado todo por la Sra. Melchora B. de Ocampo, cada vez más entusiasmada, lo mismo que su hija Srta. Josefina, del fruto y adelantos que ven en las Colegialas: han podido aumentar hasta treinta, también la pensión y para los gastos de Escuela, instalándoles la luz de nafta en toda la Casa.
El día de la Sma Trinidad, tuvo lugar la separación de las Clases, siendo esto estímulo para la observancia y adelantos en la virtud, como lo prueban los hechos de varias Colegialas de las que van saliendo, que son apóstoles y modelos de jóvenes cristianas.
En la Escuela externa, se continúa trabajando con el mismo éxito, viéndose ya el fruto no solo en las niñas, sino también en sus padres y hermanos a quienes enseñan lo que les enseñan las Hermanas, por lo regular son muy ignorantes en las cosas de Dios.
Gracias al celo del buen Sr. Capellán P. Sabino Savina y el de la Señora y Señorita, que no reparan en gastos ni sacrificios por la moralidad y civilización del Pueblo, todos los años en Semana Santa procuran vaya un Padre Misionero, para instruir y facilitar a la gente el Cumplimiento Pascual, y con el mayor gusto toman parte las Hermanas en enseñar la doctrina Cristiana a las jovencitas y señoras que las más, no saben ni persignarse; por este motivo, hay una Hermana en la portería que se dedica a instruir y preparar para primer Confesión y Comunión, a cuantas personas se presentan. Una de éstas de quince años de edad, hija de padres protestantes, lo mismo que ella y sus cinco hermanitos fue bautizada en la Capilla después de bien instruida en la religión Católica. Dieron al cato todo el esplendor posible, asistiendo mucha gente, y lo que más, que lo presenciaron sus padres que vivían en otro pueblo, llevando dos de los niños de tres y cinco años, para que recibieran el bautismo el mismo día. Al poco tiempo, esta joven ingresó en el Colegio para mejor instruirse y educarse.
A principios del año 1922, la Srta. Josefina Ocampo, escrituró a nombre del Instituto, la casa del quintero, con el terreno que las rodea, asimismo otro solar contiguo al terreno que está dedicado para la Iglesia del Pueblo, también propiedad de la misma, con el objeto de que al fin de sus días no sean ocupados por personas que pudieran molestar a la Casa. Por no estar indicado en su propia fecha, se hace mención en este lugar que el 24 de Enero de 1916, recibimos la Escritura Pública de la Casa del pueblo de Manuel Ocampo donación de la Sra. Melchora Beláustegui de Ocampo. Escribanía Ignacio M Godoy de Pergamino.
En este mismo año, dieron una Misión completa de quince días los Padres Redentorista, coincidiendo con la fiesta de San Antonio, Patrón del Pueblo, que es cuando más gente acude. Por la mañana, una misioncita para niños y niñas; por la tarde, para toda clase de personas sin distinción, y por la noche Conferencias solo para hombres que acudían en gran número. Mucho contribuyó a esto la animación y celo de las niñas externas, que con su entusiasmo contaban en sus casas lo que oían a los Padres Misioneros. Se vio el fruto de la Misión por los muchos bautizos y uniones matrimoniales en personas que vivían mal, causándoles gran gozo a las Hermanas, preparar a varis mujeres hasta de sesenta años, para hacer su primera confesión y comunión: todos los gastos ocasionados, costearon la Sra. Melchora y Srta. Josefina.
Marchando la Casa en perfecto orden y observancia, con la constante ayuda de la Sra. Melchora e hija, amadas y respetadas del Pueblo, es de esperar se recojan óptimos frutos, pues la mies es mucha, y el entusiasmo y celo de la comunidad es mucho también. Se bien ocultas en aquella querida Casita de Nazaret, están llamadas a trabajar mucho en bien de las almas, al mismo tiempo que a los Sdos pies de Jesús Sacramentado, se santifican.