“Villa Eucarística”, casa en pleno campo y alejada de la población, necesitaba que en la ciudad hubiera otra que la auxiliase en tantas ocasiones que requerían ayuda. Hablan las Hermanas de la “Villa” con el Secretario del Obispo, Mons. Eduardo Ferreira, pidiéndole consejo. Este dice en reserva que podrían pedirle al Prelado una perteneciente a la Mitra, situada en la calle Belgrano Nº 692, que está muy abandonada y como consecuencia, en malas condiciones, pero que posiblemente, una vez arreglada les será útil. Visitan, pues al Sr. Obispo, que después de escucharlas, reconoce que la necesitan y no pone dificultades, sólo les advierte que para poder habitarla necesita muchos arreglos, que suponen gastos y que él no va a poder ayudarlas.
Se firma el contrato el 19 de Abril de 1918. Según éste, el Obispado cede la Casa a perpetuidad para iguales fines que la de Villa Eucarística y como sucursal de la misma; y en el caso de que no continuasen en ella, caducaba la concesión. Empiezan los principales arreglos: goteras, pisos, puertas, cerraduras, cristales, pintura. Pero se les termina el dinero y han de suspender las reparaciones hasta tanto dispongan de medios para terminarlas. Y así para un año.
Convencida la Superiora General, Madre Guadalupe de lo necesario y útil que era tener esa Casa en la ciudad, manda Hermanas a fin de que se abra cuanto antes. El 12 de Mayo de 1919 la bendice el Obispo Auxiliar, Mons. José Anselmo Luque, que celebra después la primera Misa y les deja reservado el Santísimo. Asisten a la inauguración la Madre Pura, algunas Hermanas y bienhechores.
“Fue grande el gozo de tener un Sagrario más, en tan diminuta Capilla, aunque muy limpia y arreglada con tanto gusto que daba devoción.”