Dios necesita que nos dejemos embeber por el Espíritu para realizar las maravillas del presente.
He visto la opresión de mi pueblo, he oído sus quejas, y he bajado a librarles…Y ahora (le dice Dios a Moisés), anda, que Yo te envío…” (EX 3,7-8)
La experiencia de nuestra vocación, que conjuga el amor y presencia de Cristo en la Eucaristía con la misión liberadora a la que estamos llamadas, fundamenta y nos impulsa a una pastoral, orientada a hacer experimentar en los jóvenes, el amor y la misericordia de un Jesús liberador, que nos lleve a una opción comprometida por los predilectos del Reino: l@s más pobres y marginad@s.